Camino Inca a Machu Picchu
El Camino Inca a Machu Picchu es uno de los grandes sueños que tenemos muchas personas que nos gusta el senderismo. Un camino construido hace cientos de años, con pasos de montaña superiores a los 4.000 metros y que se interna en la selva. Todas esas características lo convierten en mítico, sobre todo en Europa, donde carecemos de pasos de montaña de esa altura y sobre todo de selva.
Este relato corresponde al viaje que hice en compañía de mis amigos Pedro y Angelines y mi mujer Katherine el año 2005.
Todo se inicio el lunes 5 de septiembre cuando tomamos el vuelo Lima-Cusco. Si las condiciones son normales es un viaje cómodo, de apenas una hora. Llegados al Cusco nos dirigimos al hotel que previamente habíamos contratado. Cuando entramos en las habitaciones nos dieron ganas de salir huyendo, así que no nos quedo otra que buscar un alojamiento alternativo. Cerca encontramos un hotel bastante bonito con un patio interior acogedor y habitaciones amplias y cómodas.
Este sobresalto inicial casi nos hace olvidar que estamos por encima de 3.300 metros y que eso se nota. A lo largo de los días que pasamos en Cusco todos tuvimos algún momento en el que la altura nos afectó de forma desagradable.
Este relato corresponde al viaje que hice en compañía de mis amigos Pedro y Angelines y mi mujer Katherine el año 2005.
Todo se inicio el lunes 5 de septiembre cuando tomamos el vuelo Lima-Cusco. Si las condiciones son normales es un viaje cómodo, de apenas una hora. Llegados al Cusco nos dirigimos al hotel que previamente habíamos contratado. Cuando entramos en las habitaciones nos dieron ganas de salir huyendo, así que no nos quedo otra que buscar un alojamiento alternativo. Cerca encontramos un hotel bastante bonito con un patio interior acogedor y habitaciones amplias y cómodas.
Este sobresalto inicial casi nos hace olvidar que estamos por encima de 3.300 metros y que eso se nota. A lo largo de los días que pasamos en Cusco todos tuvimos algún momento en el que la altura nos afectó de forma desagradable.
En Cusco permanecimos 3 días. El primero nos lo tomamos con calma y lo dedicamos a intentar adaptarnos a la altura. El segundo lo dedicamos a visitar el Valle Sagrado y el tercero a visitar la ciudad de Cusco y la ruinas de sus alrededores. La fotografía de la parte inferior está tomada desde la fortaleza ciclópea de Sacsayhuamán, en la que se puede apreciar la plaza de armas de Cusco con su magnífica catedral.

La tarde anterior a nuestro inicio del camino nos reunimos con una persona de la agencia de viajes que nos pormenorizó todo el recorrido. Todo estaba listo para nuestro viaje.
8 de septiembre: Km. 82 – Wayllabamba
Temprano nos pasaron al buscar al hotel y después de recoger a todos los caminantes por sus alojamientos nos llevaron a una plaza de Cusco donde la agencia hizo los últimos trámites antes de iniciar el viaje en autobús. El autobús nos condujo al Km. 82, previa parada en Ollantaytambo, donde después de registrarnos y cruzar el río, empezaba el Camino Inca propiamente dicho. Antes de empezar a caminar nos dieron de comer, con el espectáculo de un incendio en las montañas al otro lado del río y al que nadie parecía concederle la menor importancia.

Este primer tramo del camino discurre próximo al río Urubamba y a la línea férrea que une Cusco con Aguascalientes. Pronto la primeras ruinas se hacen presentes paralelas a la línea férrea a Aguascalientes.
Las primeras cuestas nos dejan en un mirador natural desde podemos ver los imponentes restos de Llaqtapata. Está en proceso de recuperación de los numerosos edificios. Sobre todo impresiona la cantidad de bancales creados para la agricultura.

Un poco más adelante el camino discurre junto a otro conjunto de restos llamado Pulpituyuq. Después de estos restos el camino desciende y ya discurre sin grandes desniveles hasta el primer campamento de Wayllabamba. Este es el último núcleo de población que encontraremos en el camino.
Cuando llegamos, el campamento ya estaba preparado y nos esperaban con un mate de coca para ayudarnos a la aclimatación. Desde el campamento se vislumbraba el paso que a más de 1200 metros de donde nos encontrábamos, nos aguardaba al día siguiente. En esta pueblo existe la posibilidad de contratar porteadores que te llevan la mochila hasta el paso Warmiwañusca.
9 de septiembre: Wayllabamba – Pacaymayu
La jornada empieza como siempre temprano. Después de desperezarnos y asearnos nos dirigimos a unos cobertizos donde tenemos preparados en desayuno. Sobre las ocho de la mañana ya estamos enfilando el sendero. Tenemos que superar 1200 metros de desnivel desde el poblado hasta el abra de Warmiwañusca.
Hasta aproximadamente los 3800 metros el camino discurre entre una vegetación exuberante que palia el efecto que la altura y las fuertes rampas hacen en nuestra resistencia. El camino esta prácticamente empedrado, conservándose algunos tramos del camino originario.
Superada esta zona con vegetación se puede ver en la lejanía el paso. El caminar se hace más dificultoso, notándose la falta de oxigeno. El abra parece estar al alcance de la mano, pero es todavía mucho el esfuerzo que hay que realizar.
Poco a poco fuimos llegando todos a la cima, donde nos concedimos un breve descanso, puesto que las condiciones climatológicas del paso no eran las ideales para permanecer mucho rato.
Ya sólo nos quedaba el descenso hasta el siguiente campamento en Pacaymayu, donde como siempre encontramos nuestras tiendas y el mate de coca listos. En esta jornada no se para a comer y la comida fuerte se hace al llegar.
Desde que se puso el sol el frío se adueño del campamento, con lo que nada mas terminar la cena todos nos metimos en nuestras tiendas a descansar y guarecernos de la temperatura. Estábamos sobre los 3600 metros y la temperatura de la noche fue bastante gélida.
10 de septiembre: Pacaymayu – Waiñaywaina
Mucha gente habla de la dureza de la etapa anterior, pero para nosotros la jornada más dura fue la que afrontamos hoy. No existen pasos tan altos, pero si muchos kilómetros por recorrer y muchas escaleras que subir o bajar. Para compensar esta dureza el camino nos regala una serie de restos arqueológicos maravillosos y el soberbio espectáculo de lo que en Perú denomina Ceja de Selva.
Desde la zona de acampada se divisa el primer sitio arqueológico llamado Runkaraqay. Es un lugar de vigilancia. Tiene una privilegiada situación para el control del camino, ya que en este camino no estaba permitido el tránsito a todos los ciudadanos del imperio Inca. Le senda sigue su ascenso y antes de llegar al abra se pasa por unas lagunas.
Mucha gente habla de la dureza de la etapa anterior, pero para nosotros la jornada más dura fue la que afrontamos hoy. No existen pasos tan altos, pero si muchos kilómetros por recorrer y muchas escaleras que subir o bajar. Para compensar esta dureza el camino nos regala una serie de restos arqueológicos maravillosos y el soberbio espectáculo de lo que en Perú denomina Ceja de Selva.
Desde la zona de acampada se divisa el primer sitio arqueológico llamado Runkaraqay. Es un lugar de vigilancia. Tiene una privilegiada situación para el control del camino, ya que en este camino no estaba permitido el tránsito a todos los ciudadanos del imperio Inca. Le senda sigue su ascenso y antes de llegar al abra se pasa por unas lagunas.
El descenso nos dejara en el segundo complejo del día Sayacmarca. Este es una conjunto con varias edificaciones y que domina otros restos justo debajo de él.

Ya estamos plenamente inmersos en la ceja de selva. La verdad es que en este trozo el camino impone con su desatada vegetación a ambas márgenes del mismo. Aterra pensar en lo que ocurriría de perderse por este terreno. Poco después de la visita a Sayacmarca teníamos preparado un tienda comedor con la comida lista. Afortunadamente estábamos bajo techo durante la comida pues se desató una fuerte pero corta tormenta. Todavía nos quedaban unas horas de camino por delante hasta llegar a Wayñaywaina. Pasamos por un par de sitios arqueológicos más y cruzamos varios túneles, siempre inmersos en el mágico influjo de la ceja de selva.Nuestra llegada al campamento se produjo avanzadala tarde. En este último campamento existe un complejo donde uno se puede dar una ducha de agua caliente o tomarse unas cervezas.
Esta iba a ser una la última noche en que los porteadores nos acompañaban, pues ellos se bajaban directamente a Aguascalientes tras recoger de madrugada el campamento, y nos prepararon una cena especial de despedida. Todos juntos acabamos posando para una foto.
Nos acostamos temprano ya que al día siguiente nos debíamos levantar a las 4 para llegar al Inti Punku a la hora en que empezara a asomarse el sol sobre Machu Picchu.
11 de septiembre: Waiñaywaina – Machu Picchu
Tras el desayuno anduvimos al puesto de control que da acceso al último tramo del camino. En estos primeros momentos tuvimos que caminar con el frontal encendido pues todavía no había amanecido. Este trozo de camino se hace en poco más de una hora. Una última subida nos deja en la puerta de sol (Intu Punku), desde la que se divisa en todo su esplendor el amanecer sobre un Machu Picchu libre de toda presencia humana.
Un último trozo de camino antes de pisar el suelo de Machu Picchu que nos sirvio para dejar constancia de nuestra presencia.
11 de septiembre: Waiñaywaina – Machu Picchu
Tras el desayuno anduvimos al puesto de control que da acceso al último tramo del camino. En estos primeros momentos tuvimos que caminar con el frontal encendido pues todavía no había amanecido. Este trozo de camino se hace en poco más de una hora. Una última subida nos deja en la puerta de sol (Intu Punku), desde la que se divisa en todo su esplendor el amanecer sobre un Machu Picchu libre de toda presencia humana.
Un último trozo de camino antes de pisar el suelo de Machu Picchu que nos sirvio para dejar constancia de nuestra presencia.
En el santuario nos dividimos. Pedro y Angelines hicieron la visita por Machu Picchu con la guía y Katherine y yo, que ya habíamos estado anteriormente, nos decidimos a subir al Wayna Picchu, desde donde se tiene una impresionante vista de la ciudadela y del valle del río Urubamba.
Quedamos para bajar a Aguascalientes en el autobús. Para los que quieran existe un sendero para llegar al poblado andando. En Aguascalientes nos fuimos al balneario de las afueras, donde entre aguas termales y las frías aguas del río fuimos recuperando el tono. Cuidado con los mosquitos, capaces de masacrarte en unos instantes.
Quedamos para bajar a Aguascalientes en el autobús. Para los que quieran existe un sendero para llegar al poblado andando. En Aguascalientes nos fuimos al balneario de las afueras, donde entre aguas termales y las frías aguas del río fuimos recuperando el tono. Cuidado con los mosquitos, capaces de masacrarte en unos instantes.
Ya sólo nos quedaba despedirnos de nuestros acompañantes de viaje y dirigirnos hacia la estación del tren que nos traería de vuelta de nuestro sueño.





